Creo en la Providencia

Escrito por Enrique Vera. Publicado en Noticias

Ventanas que dan a Dios (José A. García, sj).

Del capítulo : Hay memorias que Salvan. Creo en la Providencia. Dice así :

Siempre me llamó la atención que en la oración Final de los Ejercicios nos invite San Ignacio a ofrecer a Dios la "memoria".

"Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad,
mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer,
Vos me lo disteis, a Vos, Señor, lo torno.
Todo es vuestro.
Disponed a toda vuestra voluntad,
dadme vuestro amor y gracia
que ésta me basta. (EE)"

Que le ofrezcamos la libertad, el entendimiento, la voluntad se entiende a la primera.  Pero ¿la memoria?. Para desgracia de no pocos, la explicación que se nos daba cuando éramos jóvenes sonaba así de macabra : al ofrecer a Dios la memoria, además de la inteligencia y la libertad, has
de estar dispuesta a perderla.Lo que estaríamos ofreciendo a Dios, en definitivas cuentas, es la posibilidad de quedar desmemoriados, amnésicos.
Naturalmente, tal posibilidad no queda expluída, pero San Ignacio no apunta ahí. Lo que ofrece Ignacio a Dios es el uso "ordenado" de la memoria, lo que incluye, lo que incluye, como es evidente,
la posibilidad de su utilización des-ordenada. Una lectura de su Autobiografía bajo este prisma - qué recuerda Ignacio, cómo y para qué lo recuerda  - resulta sumamente interesante. Satre dijo que "cada uno elige su pasado" y, en ese sentido, no le faltaba razón.
Podemos elegir los recuerdos de los que queremos vivir...
En su sentido etimológico, la palabra "providencia" deriva del verbo latino pro-videre, que al pie de la letra significa "tener a alguien ante sí".Al afirmar por tanto, que Dios es providente, estamos diciendo que Dios nos tiene ante sí, que cuida del mundo y de nosotros.

Creo en Dios providente por que creo en Jesucristo : amarle identificarse con él, seguirle hasta el punto en que su verdad sea mi verdad, su camino, mi camino, su vida mi vida. Todo lo demás es secundario. Sólo un tú profundo profundmente amado y admirado desvela lo más valioso que hay en  mi, hasta ponerlo en movimiento. La senda tomada por Jesús en las grandes encrucijadas de su vida se nos muestra como la mejor que podemos tomar también nosotros. La más verdadera la que mejor expresa los deseos auténticos de nuestro corazón, la que realiza en mayor grado nuestra esencia humana, nuestra vocación. ¿Qué encrucijadas?. Como nos dice Miguel Gernández : "llego con tres heridas : la vida, el amor y la muerte". Esas son las tres heridas con las que todo hombre y toda mujer vienen al mundo y se van de él. Para vivirlas necesitamos acercarnos a ÉL contemplar como él las vivió. Vamos a intetarlo deteniéndonos brevemente en cuatro mensajes progresivos de su Evangelio :

  • Jesús nos invita a des-preocuparnos por los problemas de la vida a liberarnos de la angustia por la existencia propia. ¿Dónde apoya Jesús esta invitación? queda muy claro en ese otro pasaje : alguien cuida de vosotros, alguien vela por vuestro bien. Ésa es la razón suprema para liberarse de la tiranía de la angustia y el miedo. Por que si vuestro Padre viste a los lirios  y alimenta a los pájaros ¿cuanto más no hará por vosotros? Vosotros buscad el Reino de Dios y su justicia, y lo demás dejádselo a él. Asíos a ésto último,desasíos de todo lo demás (cf. Mt 6,25-33; Lc 12, 22-31).  Esta se trata de la primera visión aproblemática de la Providencia, típica de la primera etapa de la vida de Jesús. Dios es siempre bueno para con sus criaturas.
  • "Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por que has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y se las has revelado a los pequeños" (Mt 11,25; Lc 10,21). ¿Qué agrega este pasaje al anterior?.  Fue el exegeta A. Vanhoye quien me ayudó a caer en la cuenta por primera vez del siguiente detalle: este dicho de Jesús hay que situarlo en un contexto histórico en el que Jesús se ha hecho ya consciente de que la cerrazón de los sabios y prudentes de su tiempo con respecto a los misterios del Reino que él anuncia se va a vover contra él hasta llevarlo a la muerte. Dice Vanhoye que no entenderemos correctamente este pasaje si no contamos para su interpretación con el contexto concreto en que se produce. Un contexto que es simultáneamente de alegría para Jesús, por que Dios se revela a los pequeños de este mundo, pero también de amenaza y de futura muerte, intuida ya en el rechazo de los poderosos. Pues bien, frente a ese preciso horizonte es cuando Jesús bendice a Dios y le llama "Padre" y se identifica con sus planes haciéndolos suyos... Es como si Jesús dijera : muy bien, si las cosas van a suceder así, bendito seas, Dios. Sé que, en ese horizonte de alegría para los pequeños y de nubarrones para mí, tú seguirás siendo Abba, Padre mío.

Dios santo, ¿quien no ha experimentado que confiar en Dios resulta fácil cuando las cosas van bien y el futuro resplandece, pero que es una empresa punto menos que imposible cuando el presente se tuerce y el futuro no augura cambios a mejor, sino todo lo contrario ?.
Pero ¿de dónde pudo extraer Jesús esa extraña confianza en su Padre si no fue de sus "memorias acumuladas"  sobre quién y cómo es su Padre, Dios?.

  • La oración de Jesús en Getsemaní y su grito en la cruz "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?". Nunca abandonó Dios a si hijo, pero todo sucedía como si lo hubiera abandonado, como si no se ocupara de su tragedia, como si no lo tuviera ante sí. Jesús tiene que vivir ahora su confianza en Dios en el interior de una noche oscura en la que hablar de un Dios providente carece de toda confirmación empírica, de toda verificación.

Sabemos muy bien que Jesús no murió así, sino entregando su vida y el futuro de su causa a su Padre Dios; pero me pregunto con frecuencia qué le ayudó a Jesús en aquellos momentos terribles a no caer en la más profunda desesperanza con respecto a Él. Dice J.B. Metz que, en el proceso judicial que le lleva a la muerte, Jesus arrastra consigo cuatro pasiones, y que no entendemos apenas nada de su sufrimiento si no nos detenemos en la cuarta. La primera es la pasión del dolor físico, la segunda es la pasión del honor, la de un hombre bueno y justo injustamente atropellado; la tercera es la pasión del corazón : todos sus amigos le abandonan; la cuarta es la pasión teologal, la de sentirse abandonado por Dios.
Me lo pregunto a menudo y no encuentro más respuesta que esta: es la memoria lo que salva a Jesús. Jesús había hecho tanta y tal acumulación de memorias sobre Dios como Padre suyo y Padre del mundo se había visto tantas veces envuelto y rodeado por su amor, que en el trance supremo de la Cruz es esa memoria la que impone su fuerza sobre la oscuridad que amenaza destruirlo. La memoria del Amor vence definitivamente al ataque brutal del contrasentido, del abandono.

  • Y por fin , la santa Cena, la Eucaristía. Debo una vez más a A. Vanhoye y también a T. Radcliffe el descubrimiento de una perspectiva en la que nunca había pensado.

Resulta a primera vista extraño, dice Vanhoye, que Jesús pronuncie la acción de gracias sobre el pan y el vino en un contexto que no es ya de amenza de muerte, sino de cercanía inmediata a ella. Obrando así, rompe la dinámica de la acción de gracias de la tradición judía, que solía seguir esta secuencia : a) petición dirigida a Dios; b) consecución de lo pedido; c) acción de gracias por el don recibido. Pero ¿cómo y de qué puede dar gracias Jesús en aquel contexto de muerte?. Jesús tiene ante sí, en un primer plano un grupo de discípulos entre los que hay un traidor, dos jóvenes ambiciosos, unos discípulos que apenas han entendido nada de su proyecto...En un segundo plano, unos poderes religiosos y políticos despiadados, que ya están preparando la cruz para quitárselo de en medio ...¿Cómo es posible dar gracias en tal situación y ante tal futuro? ¿Quien puede anticipar una acción de gracias así?
Sólo aquel que tiene tantas y tales "memorias" de Dios en su corazón que sabe, con un saber que va  más allá de la pura razón, que Dios seguirá siendo Padre suyo aun en medio del mayor sufrimiento. Por eso Jesús morirá entregando su vida y su causa a Dios.
¿Cómo vivió Jesús esas dos realidades : la pequeñez de sus discípulos y la crueldad del mundo?, se pregunta a su vez T. Radcliffe. Jesús podía haber huído de la muerte o ir hacia ella maldiciendo la realidad tal como se le presentaba. Pero no fue esa su reacción. "Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros y por todos". Os doy mi vida.
Esta claro que una postura así no se improvisa; por eso me gustaría indagar un poco más en la fé de Jesús con respecto a la providencia divina. Dios se le aparece siempre como "Padre accesible y Dios libre", las dos cosas a la vez, inseparables e inconfusas. Por esa característica, Jesús tiene acceso continuo a Dios, descansa en él, se fía de él, vive ante él; pero también puesto que Dios es libre, Jesús tiene que aprender progresivamente que no puede manipularlo a su servicio, que no puede comprender del todo sus caminos.
Es el mismo fenómeno que sucede en toda relación personal. Que un amigo sea para nosotros accesible es fuente de confianza, de seguridad, de dicha. Pero que sea libre..., ese ya es otro cantar. La libertad del otro puede ser para nosotros fuente de inseguridad, de miedo, de incertidumbre, por que nunca podemos estar seguros de si la empleará siempre en favor nuestro o no, al menos alguna vez. Lo que diferencia a Dios de nosotros en este punto concreto es que su libertad coincide siempre con su amor, es decir, que nunca la utilizará en nuestra contra. Nosotros "tenemos" amor, y por eso podemos dejar de tenerlo. Dios "es" amor, y por eso no puede dejar de serlo nunca. Jamás será ejercida su libertad en nuestra contra.
Esa confianza es la que sostuvo la confianza de Jesús en la prueba y será también la roca inconmovible de nuestra confianza en un Dios que es siempre providente, aunque su modo de serlo nos sobrepase en tantas y tantas ocasiones....

Sabiéndonos siempre en las manos de Dios : ésa es, pues, la formulación exacta de la fe en la Providencia, por más que no simpre pueda ser una experiencia sensiblemente verificada. De ella surge un tipo de hombre y de mujer capaces de admirar y amar la creación, de luchar contra toda forma de mal en ella, de olvidarse un poco de sí y de entrgar su presente y su futuro a Dios. También el de las personas a las que ama.