Palabra y Vida 23-03-2016

Escrito por Alberto Font. Publicado en Palabra y Vida

Buenos días.

 

Octava de Pascua

 

Mujer, ¿por qué lloras?”

 

En un día como hoy hay que dar gracias por la vida que se nos regala cada día y especial por la vida que de las personas que nos han acompañado. En este tiempo de Pascua, de encuentro con el Señor, hay que dar las Gracias por el padre de Ignacio que ha sido un regalo y una bendición de vida.  A toda la familia le mandamos un abrazo sabiendo que ya se encuentra en los brazos del Señor y nos unimos en oración con ellos en Acción de Gracias

No me quiero olvidar del regalo de la vida de Ana que ayer hacía 20 años y hoy Beatriz que ya tiene 15 años.  Ellas forman parte de nuestras vidas, da gusto ver cómo han crecido y saber que el Padre está presente en sus vidas. Pedimos para que sean felices, dichosas y bienaventuradas y que la bendición Dios se derrame sobre ellas.

 

Hch 2,36-41

El día de Pentecostés, decía Pedro a los judíos: «Todo Israel esté cierto de que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías.»
Estas palabras les traspasaron el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: «¿Qué tenemos que hacer, hermanos?»
Pedro les contestó: «Convertíos y bautizaos todos en nombre de Jesucristo para que se os perdonen los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos y, además, para todos los que llame el Señor, Dios nuestro, aunque estén lejos.»
Con estas y otras muchas razones les urgía, y los exhortaba diciendo: «Escapad de esta generación perversa.»
Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día se les agregaron unos tres mil.

Sal 32,4-5.18-19.20.22

R/.
 La misericordia del Señor llena la tierra

La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. 

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. 

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo.
Que tu misericordia, Señor,
venga sobre nosotros,
como lo esperarnos de ti. 

 

Jn 20,11-18

En aquel tiempo, fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.
Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?»
Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.»
Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.
Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?»
Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.»
Jesús le dice: «¡María!»
Ella se vuelve y le dice: «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!»
Jesús le dice: «Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: "Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro."»
María Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto.»

 

Comentario:
Cuesta creer que María Magdalena, que conocía tan bien a Jesús, lo confunda ahora con el jardinero del cementerio. El hecho tiene una razón profunda: para reconocer al Hijo de Dios no bastan la racionalidad y la experimentación, es necesario, sobre todo, entrar en un camino de fe. Jesús no parece reprochar a Magdalena su error, sino que la llama por su nombre y ella no duda en declarar su adhesión a Cristo, convirtiéndose así en apóstol de los apóstoles. No somos distintos de esta mujer; como ella, debemos reconocer y anunciar al Señor resucitado.