Palabra y Vida 04-04-2016

Escrito por Alberto Font. Publicado en Palabra y Vida

Buenos días.

 

Anunciación del Señor

 

hágase en mí según tu palabra”

 

Para no ser sólo Dios, 
el Verbo quiso de mí 
la carne que hace al Hombre. 
Y yo le dije que sí, 
para no ser sólo niña.

Para no ser sólo vida, 
el Verbo quiso de mí 
la carne que me hace a la Muerte. 
Y yo le dije que sí 
para no ser sólo madre.

Y para ser Vida Eterna 
el Verbo quiso de mí 
la carne que resucita. 
Y yo le dije que sí 
para no ser sólo tiempo.

(Pedro Casaldáliga)

 

La Palabra llega con la anunciación del Señor. No es de extrañar que María sintiera turbación.  Este diálogo de María con el Ángel Gabriel visto desde otro punto de vista podría resultar un tanto infantil e incluso surrealista, pero para nosotros María representa el encuentro absoluto con el Señor y  la aceptación de su voluntad, sabiendo que el Señor lo es todo.

 

Is 7,10-14; 8,10

En aquel tiempo, el Señor habló a Acaz: «Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo.» 
Respondió Acaz: «No la pido, no quiero tentar al Señor.» 
Entonces dijo Dios: «Escucha, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal: Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa "Dios-con-nosotros".»

Sal 39,7-8a.8b-9.10.11

R/.
 Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, 
y, en cambio, me abriste el oído; 
no pides sacrificio expiatorio, 
entonces yo digo: «Aquí estoy.» 

«Como está escrito en mi libro 
para hacer tu voluntad.» 
Dios mío, lo quiero, 
y llevo tu ley en las entrañas. 

He proclamado tu salvación 
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios: 
Señor, tú lo sabes. 

No me he guardado en el pecho tu defensa, 
he contado tu fidelidad y tu salvación, 
no he negado tu misericordia 
y tu lealtad ante la gran asamblea. 

 

Hb 10,4-10

Es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados. Por eso, cuando Cristo entró en el mundo dijo: «Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: "Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad."» Primero dice: «No quieres ni aceptas sacrificios ni ofrendas, holocaustos ni victimas expiatorias», que se ofrecen según la Ley. Después añade: «Aquí estoy yo para hacer tu voluntad.» Niega lo primero, para afirmar lo segundo. Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.

Lc 1,26-38
A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. 
El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» 
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. 
El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.» 
Y María dijo al ángel: « ¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?» 
El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.» 
María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» 
Y la dejó el ángel.

 

Comentario:
En la celebración de la Solemnidad de la Anunciación, trasladada este año al 4 de abril, el Evangelio nos sitúa en la humilde casa de Nazaret; en una escena tantas veces evocada por el arte y que hoy resulta difícil imaginar en su sencillez original. María es presentada según el modelo del arca de la alianza, lugar de la presencia divina y santuario de Israel, sobre quien desciende ahora la sombra de la fuerza del Altísimo. La revelación del misterio se cumple en el seno de la Virgen. Ella, en frase de san Agustín, “no es el Dios del templo, sino el templo de Dios”