Palabra y Vida 07-04-2016

Escrito por Alberto Font. Publicado en Palabra y Vida

Buenos días.

 

Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen”

 

Disfrutamos un espléndido día de primavera, al fresquito de la mañana le sigue un calorcito agradable. Apetece un poco de descanso, pero nos espera una buena jornada por delante. No podemos dejar que el cansancio nos arruine el día. Estamos llamados a ser testigos.  Los apóstoles se llenaron de la fuerza de Jesús resucitado y hoy estamos nosotros debemos llenarnos de su fuerza.

 

Hay que obedecer a Dios.
No desde el temor o la ley.
No desde la imposición
o la inercia.
No con espíritu resignado,
ni porque no haya otro remedio.

Es, más bien, obedecer 
a la voz interior
que nos habla de lo justo,
lo bello, lo cierto.
Que nos enseña a mirar
con ojos nuevos
y descubrir, en torno,
las posibilidades,
inmensas,
del mundo viejo
que está hambriento
de vida y resurrección.

 

Hch 5,27-33

En aquellos días, los guardias condujeron a los apóstoles a presencia del Sanedrín, y el sumo sacerdote les interrogó: « ¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ése? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre.»
Pedro y los apóstoles replicaron: « 
Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. La diestra de Dios lo exaltó, haciéndolo jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.»
Esta respuesta los exasperó, y decidieron acabar con ellos.


Sal 33,2.9.17-18.19-20

R/.
 Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. 

El Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias. 

El Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.
Aunque el justo sufra muchos males,
de todos lo libra el Señor. 

 

Jn 3,31-36

El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica la veracidad de Dios. El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.

 

Comentario:
Concluye el diálogo de Jesús con Nicodemo y éste desaparece en esa misma noche de la que había salido para ir al encuentro de Cristo. Sólo queda una figura en medio de la escena: la del Hijo de Dios, nimbado de luz. Él viene de lo alto, del cielo, de lo infinito y eterno; sus palabras son las de Dios, su gran don es el Espíritu que regenera la humanidad. A nosotros nos toca adherirnos en fe y obediencia a la verdad del Hijo; de lo contrario, seremos merecedores de la tempestad de la ira de Dios. Juicio y salvación: dos extremos opuestos que somos libres de elegir.