Fundamentos de la vida compartida

Escrito por Dominique. Publicado en Shekina

Nuestra vivencia comunitaria está asentada en algunas convicciones personales que constituyen los cimientos, las bases de nuestra experiencia comunitaria. Con el tiempo hemos aprendido que sin este sustrato personal instalado en lo más hondo de nuestro ser la vida comunitaria no sólo se convierte a veces en una dificultad sino que directamente carece de sentido. Se trata de algunas convicciones que no son sólo fruto de procesos intelectuales o exclusivamente afectivos, sino que, en un sentido más amplio, podemos considerar existenciales pues en torno a ellas se articula o queremos que lo haga, buena parte de nuestra existencia.

Aunque se trata de fundamentos para la vida comunitaria, son convicciones fruto de experiencias personales y por tanto únicas e intransferibles. Como dice Pablo: "Así pues, cada uno de vosotros dará cuenta a Dios de sí mismo" (Rom 14, 12). El modo concreto de formularlas y vivirlas será diferente, por tanto, para cada uno de nosotros, pero en todos, y en otra mucha gente, fuera de la comunidad, reconocemos una llamada común basada en algunas convicciones centrales:

El encuentro personal con Jesús de Nazaret que nos ha revelado el amor de Dios a cada uno de nosotros y nosotras y al mundo. Este encuentro nos ha permitido descubrir que Él tiene un proyecto para cada uno de nosotros, capaz de dar sentido pleno a nuestra vida.

La invitación de Jesús a seguirle, a vivir la vida en camino con él y desde él. "Maestro, ¿dónde vives? Les respondió: Venid y lo veréis" (Jn 1, 38-39). La concepción del cristiano como el seguidor de Jesús, aquel que vive con él y que reconoce en Jesús a la referencia central que orienta la vida.

La integración de la fe y la vida. El rechazo de la vivencia del ser cristiano como una simple cuestión formal que no afecta a las decisiones y orientaciones de la vida. El reconocimiento de que la invitación al seguimiento de Jesús y a la construcción del Reino constituye el criterio central que orienta nuestra vida.

El Reino de Dios como promesa, como proyecto, como esperanza y también como realidad, como trabajo, como presencia.

El descubrimiento de la vida comunitaria como vocación, como la mediación que nos ayuda a vivir y hacer realidad este seguimiento de Jesús y que anticipa en pequeña escala, y con sus limitaciones, el Reino de Dios en nuestra vida y en nuestro mundo.

Desde dónde hablamos

Escrito por Dominique. Publicado en Shekina

Los miembros de la comunidad somos relativamente uniformes en cuanto al perfil personal. Sin caer en la homogeneidad, pues nuestros caracteres y formas de ser en sí son muy distintos, tenemos algunos rasgos comunes que nos permiten identificar a un miembro tipo:

 La mayoría tenemos entre 35 y 45 años.

 La mayoría estamos casados y tenemos hijos

 Sociológicamente somos un grupo de clase media-alta, con formación universitaria.

Nuestra vivencia de Compartir Vida

Escrito por Dominique. Publicado en Shekina

En la comunidad consideramos que compartir la vida es el tronco de nuestra comunidad, lo que de manera más visible estructura y hace sólida la comunidad. Queremos compartir la vida de cada uno para facilitar esa integración de la fe y la vida. Poner en común lo que somos y lo que tenemos. La transparencia y el conflicto.

El modo concreto en el que hemos ido viviendo estos ámbitos ha ido cambiando a lo largo de estos veinte años. No queremos reproducir aquí una historia de las diferentes maneras concretas de compartir la vida, sino más bien una reflexión sobre lo que está en el trasfondo de esas historias y lo que hemos ido aprendiendo en estos años de compartir la vida juntos

Nuestra inserción Eclesial

Escrito por Dominique. Publicado en Shekina

Nuestra comunidad ha tenido desde siempre una clara voluntad de pertenencia a la Iglesia. "La Iglesia entendida como asamblea litúrgica, como comunidad local y comunidad universal de los creyentes. Estas tres significaciones son inseparables de hecho. La " Iglesia " es el pueblo que Dios reúne en el mundo entero. La Iglesia de Dios existe en las comunidades locales y se realiza como asamblea litúrgica, sobre todo eucarística". (Catecismo par. 752)

Nuestra comunidad nace en la parroquia de Guadalupe después de un proceso de búsqueda personal, por diferentes parroquias, ya que ninguno de nosotros vivíamos en su ámbito geográfico. Pensábamos entonces, como pensamos hoy, en la Parroquia como el lugar privilegiado para el seguimiento de Jesús. Los misioneros del Espíritu Santo con su vivencia de la Espiritualidad de la Cruz de un Dios Misericordioso y Amor nos sedujeron con su propuesta de seguir a Jesús, en un claro talante comunitario.

Allí nos conocimos unos a otros, y nos insertamos en el proceso de Pastoral Juvenil. Cada uno de nosotros íbamos buscando un talante de parroquia abierto, dialogante, corresponsable y comprometido, en el que crecer y comprometernos como cristianos. Era el año 1981 y al poco tiempo ya estábamos liados hasta las cejas y descubriendo nuestro papel de laicos en la Iglesia. Primero en la Parroquia, luego en el Arciprestazgo, luego en la Vicaría I, y hasta en la Diócesis.

Así en 1983 participamos en la primera Asamblea Parroquial de Guadalupe con el objetivo de "crear" la línea directriz de la Parroquia entre todos los miembros de la misma. Participamos muy activamente de su elaboración durante los cursos 1985 y 1986 y así pudimos proclamar en diciembre de 1.987, como nuestro, el objetivo parroquial de Guadalupe:" formar la comunidad parroquial, comunidad de comunidades, animada por la espiritualidad de la Cruz, que acoja y anuncie el mensaje del evangelio, viva y celebre su fe y trabaje para transformar el ambiente en el que vive".

Desde el principio, animados por nuestro curas, decidimos entrar en contacto con otras realidades eclesiales de nuestro entorno y conocimos a otros jóvenes del arciprestazgo de San Miguel de Chamartín y de las parroquias de Cristo Salvador del barrio de San Lorenzo y de Jesús de Nazaret del barrio de Manoteras. Así empezó con nuestros hermanos de Manoteras una larga relación que dura hasta hoy.

De ahí fuimos a la Vicaría I donde descubrimos otros talantes de hacer Iglesia, con los que siempre hemos intentado ser respetuosos, como eran las parroquias de San Fernando y San Jorge.

Casi al mismo tiempo entramos en contacto con la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil, donde GOZAMOS con el proyecto diocesano de Pastoral Juvenil de la diócesis y la "movida" de los APJ (Agentes de Pastoral Juvenil). Esta época maravillosa nos permitió conocer una Iglesia en Madrid profundamente comprometida con los más pobres y con el Evangelio.

Todo lo que allí recibimos, intentamos devolverlo a nuestro ámbito de Iglesia local y así gran parte de nosotros fuimos APJ's apoyando numerosos grupos de la parroquia y creando junto con otras parroquias la Escuela de Agentes de Pastoral Juvenil de la Vicaría I. La escuela de APJ de la Vicaría I ha sido un maravilloso espacio de Eclesialidad para compartir toda una forma de entender, vivir, amar y transmitir la buena noticia del Evangelio.

En la parroquia seguíamos formando parte del Consejo Parroquial, de la Comisión Permanente, del Consejo de Economía..., así como de misión pastoral en grupos primero de jóvenes y luego de adultos.

Un momento histórico fue cuando decidimos irnos a vivir juntos e insertarnos en un barrio. Buscábamos un barrio donde ser y estar, con una parroquia y una realidad social en la que pudiéramos vivir de forma unificada nuestra fe y nuestro compromiso.

No fue fácil tomar la decisión de dónde, pero nuestra pequeña vinculación con la UVA de Hortaleza fue determinante. Y en medio de la UVA está la parroquia de San Martín de Porres. Allí algunos de la comunidad se acercaron para ver la posibilidad de formar parte de aquella comunidad parroquial. Era una parroquia muy humilde pero de talante abierto y eso nos permitió establecer una buena relación.

No fueron años fáciles porque entre nosotros había diferentes criterios y nuestra vinculación a las dos parroquias nos dividía. En Guadalupe mucho estaba hecho y funcionando y en San Martin de Porres todo estaba por hacer. ¿De dónde recibir? ¿Dónde aportar? ¿Cómo mantener esa doble vinculación?

Para nuestra desgracia, esa tensión a veces tan evangélica para desarrollar un proyecto, fue malamente resuelta por el cambio de párroco en San Martín de Porres, al sufrir, como tantas comunidades hermanas y amigas el " temible cambio de párroco y del talante de la Parroquia". Aunque hemos intentado seguir, al final, poco a poco, hemos tenido que dejar nuestra vinculación en San Martín de Porres y replegarnos a Guadalupe.

Nuestra pertenencia actual al área de Catecumenado de la Parroquia con más de 13 comunidades, nos aporta una vivencia muy rica de compartir otras experiencias similares y de pertenencia a una Iglesia "comunidad de comunidades".

En todos estos años hemos detectado un gran cambio en la línea pastoral de la iglesia jerárquica en Madrid y hemos tenido que ir adaptando nuestra vinculación eclesial a los ámbitos que hemos creído en más consonancia con nuestra forma de entender el evangelio. Así estamos profundamente agradecidos a ENCOMUN, realidad eclesial muy viva que aglutina a numerosas comunidades que quieren vivir el evangelio de forma sencilla pero radical.

ENCOMUN es para nuestra comunidad un chorro de esperanza, una manifestación de que otra forma de eclesialidad es posible. Así hacemos nuestro lo que escribimos en el Documento "La Iglesia en la que somos y vivimos" de Encomún:

"Para ser fieles al seguimiento de Jesús nuestra vida cristiana vivida en comunidad tiene que estar cimentada en actitudes básicas y motivaciones que tengan relación con los gozos y las esperanzas. La experiencia nos confirma que el espacio de Encomún es precisamente un buen lugar en el que podemos vivir la Buena Noticia de Jesús. Estamos convencidos que la vida y el trabajo en nuestras comunidades es un signo de esperanza para nuestro mundo y dentro de la misma Iglesia. El encuentro en comunidad que valoramos y disfrutamos tiene como fundamento el orar juntos, compartir la vida con personas concretas que con su testimonio de vida tratan de ser coherentes, poner lo que está de su parte para construir y hacer de este mundo un gozo y alegría".

Nuestra vivencia de compartir la Fe

Escrito por Dominique. Publicado en Shekina

Si algo nos ha unido como comunidad a lo largo de estos años, sin duda ha sido el sentirnos llamados personalmente por nuestro buen Padre Dios a recorrer el camino de la vida y de la fe en comunidad.

Por eso, compartir nuestra experiencia de Dios y del seguimiento de Jesús ha sido, es y será algo nuclear en la vida de nuestra comunidad. Y ello hecho de distintas formas:

 Compartiendo comunitariamente la oración en los distintos momentos de encuentro que tenemos.

 Celebrando los sacramentos como comunidad: matrimonios, ordenaciones sacerdotales, primeras comuniones, la reconciliación y el perdón (el perfecto don), y, sobre todo, la Eucaristía, momento privilegiado de encuentro como comunidad con el Señor, de darle gracias y ofrecerle la vida.

 Reconociendo y queriendo hacer de Jesús el único y absoluto Señor de nuestras vidas. Esta frase, tan sencilla y tan profunda, es de gran importancia en la vida de la comunidad. Durante muchos años en nuestras eucaristías, al recibir a Jesús que se nos entrega, la hemos repetido juntos como un compromiso que queremos llevar a la vida.

También en nuestra Espiritualidad hemos querido reflejar esta dimensión comunitaria de compartir la fe:

 Es una espiritualidad que contempla a un Jesús:

o Totalmente abierto a la voluntad del Padre, único y absoluto Señor de su vida.

o Encarnación de Dios, comprometido en la historia de los hombres.

 Es una espiritualidad que quiere vivir:

o La apertura a la voluntad del Padre, único y absoluto Señor de nuestra vida.

 ¿Desde dónde lo vivimos / queremos vivir?

o Desde el Evangelio, desde la Palabra, con un especial acento en el Padrenuestro y en las Bienaventuranzas.

o Desde reconocernos a lo largo de nuestra historia personal llamados y convocados por el Padre a vivir el don gratuito de la comunidad.

o Desde la oración personal y comunitaria y desde la vivencia intensa de los sacramentos, en especial de la Eucaristía y la Reconciliación.

 Queremos que la comunidad sea reflejo del amor desinteresado y gratuito de Dios por las personas. De ahí que el único fundamento de nuestra comunidad, aquello sin lo que no es posible entenderla, lo pone Dios por obra del Espíritu Santo.

Todo lo vivido, no por nuestros méritos, sino porque el Señor nos lo ha regalado, nos lleva a decirle GRACIAS. Y esa acción de gracias, para nosotros, se recoge en esta oración que forma parte también de nuestra historia:

Gracias

Gracias, Padre, porque nos haces comunidad de hermanas y hermanos.

Gracias por cada hermana y hermano en particular,

que es para nosotros un regalo inmerecido y gratuito,

una posibilidad para encontrarte y amarte.

Gracias porque, cada día, te empeñas en salvarnos juntos,

y no nos quieres ni héroes, ni originales, ni líderes, ni dirigentes,

sino que nos quieres HERMANOS.

Gracias, Padre, porque tu presencia salvadora

no la encontramos en el "huracán" de las acciones,

de los planes, de los programas, de la eficacia,

de los resultados, de la estadística,

y, poco a poco, la vamos descubriendo en la "suave brisa" de la fraternidad,

con sus momentos buenos y menos buenos,

en la oración en común,

en los gestos sencillos que hacen construir cada día la comunidad.

Gracias, Padre, porque nos enseñas que el Mundo Nuevo que todos queremos

comienza en esa humilde fraternidad

que, cada día, con tu ayuda queremos construir,

donde el amor, el servicio y la cercanía a los más pobres

son ya signo de tu amor.

Gracias porque eres nuestro Padre.

Gracias porque nos haces HERMANOS.

Formación

Escrito por Dominique. Publicado en Shekina

Entendemos la formación como un concepto amplio que no recoge solo aspectos teóricos, sino todos aquellos elementos ajenos a la comunidad que nos ayudan a crecer en nuestra fe, nuestra vida y nuestro compromiso.

En este sentido, valoramos especialmente la formación como un eje transversal que cruza las distintas dimensiones de la vida de la comunidad y que las enriquece. Consideramos imprescindible tener una formación permanente y planificada tanto en nuestra fe y en nuestra vida como en nuestro compromiso. Por ello, queremos programar nuestra formación comunitaria con un plan.

Compromiso

Escrito por Dominique. Publicado en Shekina

Queremos construir una comunidad que contempla a un Jesús, encarnación de Dios, comprometido en la historia de los hombres. Una comunidad que es solidaria, que se preocupa por la liberación del mundo, que se compromete con los más pobres y que por lo tanto lucha por la justicia y construye el Reino aquí y ahora.

Por ello, nos parece importante que nuestro actuar este acompañado de un análisis de las realidades con las que nos encontramos. Desde este análisis, la lectura y comprensión de la realidad cotidiana a la luz del Evangelio, es desde donde nos involucramos en acciones, foros, manifestaciones, debates.

De una manera más amplia, creemos que nuestro compromiso no se restringe a unas acciones puntuales, sino que es nuestra forma de estar en el mundo y por lo tanto queremos vivir los distintos ámbitos de acción de nuestras vidas -trabajo, militancia social y eclesial, inserción en determinadas estructuras,... - como lugares donde intentamos construir Reino.

Esto supone de nuestra parte el dejarnos iluminar por el Señor y por nuestros hermanos, el ir descubriendo nuestra propia vocación ahí donde nos hacemos presentes.

Nuestra comunidad quiere estar presente en el compromiso social y en el compromiso pastoral, impulsando y respaldando las acciones de los hermanos y buscando elementos que unifiquen nuestras vivencias. También nos parece importante que la comunidad esté comprometida consigo misma y que cada uno de nosotros dediquemos tiempo y trabajo para que esta siga viva.

Vida

Escrito por Dominique. Publicado en Shekina

Entendemos la vida como un don gratuito que recibimos y que, para nosotros, alcanza pleno sentido cuando se comparte. El compartir la vida es, pues, gratificante y enriquecedor para cada uno de nosotros y para la comunidad.

A través del compartir la vida, los hermanos tratamos de ayudarnos a hacer más presente al Señor en nuestras vidas.

Intentamos compartir la vida de una forma fraterna. Queremos hacerlo desde el caminar juntos, intentando ser cercanos unos a otros, acompañarnos y conocernos en profundidad. Queremos acompañar la vida de los hermanos desde la oración, la acogida, la escucha, la disponibilidad, el involucrarnos y el estar atentos a sus necesidades. Pretendemos mantener actitudes de aceptación, transparencia, gratuidad y no enjuiciamiento en nuestras relaciones. Así mismo, pretendemos asumir y resolver los conflictos que en el camino se van dando. Valoramos de forma importante la corrección fraterna hecha desde criterios evangélicos. Vamos así sintiéndonos cada vez más responsables de la vida de los hermanos, al ir caminando juntos y construyendo un proyecto común.

Valoramos el encuentro espontáneo, el compartir el tiempo libre, así como la riqueza que da el compartir la vida desde la cercanía con cotidianeidad. Pero no queremos que el compartir la vida en la comunidad se restrinja sólo a lo cotidiano que se da con la cercanía. Por eso, buscamos y favorecemos también otros ámbitos en los que compartir la vida y la toma de decisiones. Respecto a la toma de decisiones, en las personales queremos acompañar el proceso de tomarlas, compartirlas, asumirlas, celebrarlas y acompañarlas, resolviendo los posibles conflictos y las posibles distancias que puedan crear. La toma de decisiones comunitarias queremos hacerla desde la codecisión.

Intentamos integrar, favorecer y potenciar los distintos estados de vida que existen en la comunidad. En especial, en el caso de las familias, intentamos hacer partícipes a los hijos de la vida comunitaria.

Por último, queremos vivir la vida tendiendo hacia un estilo de vida cada vez más sencillo; donde estén presentes los criterios de austeridad, no consumismo y solidaridad; aprendiendo a compartir los bienes con otros y tendiendo a considerarlos como algo que no nos pertenece.