Nuestra inserción Eclesial

Escrito por Dominique. Publicado en Shekina

Nuestra comunidad ha tenido desde siempre una clara voluntad de pertenencia a la Iglesia. "La Iglesia entendida como asamblea litúrgica, como comunidad local y comunidad universal de los creyentes. Estas tres significaciones son inseparables de hecho. La " Iglesia " es el pueblo que Dios reúne en el mundo entero. La Iglesia de Dios existe en las comunidades locales y se realiza como asamblea litúrgica, sobre todo eucarística". (Catecismo par. 752)

Nuestra comunidad nace en la parroquia de Guadalupe después de un proceso de búsqueda personal, por diferentes parroquias, ya que ninguno de nosotros vivíamos en su ámbito geográfico. Pensábamos entonces, como pensamos hoy, en la Parroquia como el lugar privilegiado para el seguimiento de Jesús. Los misioneros del Espíritu Santo con su vivencia de la Espiritualidad de la Cruz de un Dios Misericordioso y Amor nos sedujeron con su propuesta de seguir a Jesús, en un claro talante comunitario.

Allí nos conocimos unos a otros, y nos insertamos en el proceso de Pastoral Juvenil. Cada uno de nosotros íbamos buscando un talante de parroquia abierto, dialogante, corresponsable y comprometido, en el que crecer y comprometernos como cristianos. Era el año 1981 y al poco tiempo ya estábamos liados hasta las cejas y descubriendo nuestro papel de laicos en la Iglesia. Primero en la Parroquia, luego en el Arciprestazgo, luego en la Vicaría I, y hasta en la Diócesis.

Así en 1983 participamos en la primera Asamblea Parroquial de Guadalupe con el objetivo de "crear" la línea directriz de la Parroquia entre todos los miembros de la misma. Participamos muy activamente de su elaboración durante los cursos 1985 y 1986 y así pudimos proclamar en diciembre de 1.987, como nuestro, el objetivo parroquial de Guadalupe:" formar la comunidad parroquial, comunidad de comunidades, animada por la espiritualidad de la Cruz, que acoja y anuncie el mensaje del evangelio, viva y celebre su fe y trabaje para transformar el ambiente en el que vive".

Desde el principio, animados por nuestro curas, decidimos entrar en contacto con otras realidades eclesiales de nuestro entorno y conocimos a otros jóvenes del arciprestazgo de San Miguel de Chamartín y de las parroquias de Cristo Salvador del barrio de San Lorenzo y de Jesús de Nazaret del barrio de Manoteras. Así empezó con nuestros hermanos de Manoteras una larga relación que dura hasta hoy.

De ahí fuimos a la Vicaría I donde descubrimos otros talantes de hacer Iglesia, con los que siempre hemos intentado ser respetuosos, como eran las parroquias de San Fernando y San Jorge.

Casi al mismo tiempo entramos en contacto con la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil, donde GOZAMOS con el proyecto diocesano de Pastoral Juvenil de la diócesis y la "movida" de los APJ (Agentes de Pastoral Juvenil). Esta época maravillosa nos permitió conocer una Iglesia en Madrid profundamente comprometida con los más pobres y con el Evangelio.

Todo lo que allí recibimos, intentamos devolverlo a nuestro ámbito de Iglesia local y así gran parte de nosotros fuimos APJ's apoyando numerosos grupos de la parroquia y creando junto con otras parroquias la Escuela de Agentes de Pastoral Juvenil de la Vicaría I. La escuela de APJ de la Vicaría I ha sido un maravilloso espacio de Eclesialidad para compartir toda una forma de entender, vivir, amar y transmitir la buena noticia del Evangelio.

En la parroquia seguíamos formando parte del Consejo Parroquial, de la Comisión Permanente, del Consejo de Economía..., así como de misión pastoral en grupos primero de jóvenes y luego de adultos.

Un momento histórico fue cuando decidimos irnos a vivir juntos e insertarnos en un barrio. Buscábamos un barrio donde ser y estar, con una parroquia y una realidad social en la que pudiéramos vivir de forma unificada nuestra fe y nuestro compromiso.

No fue fácil tomar la decisión de dónde, pero nuestra pequeña vinculación con la UVA de Hortaleza fue determinante. Y en medio de la UVA está la parroquia de San Martín de Porres. Allí algunos de la comunidad se acercaron para ver la posibilidad de formar parte de aquella comunidad parroquial. Era una parroquia muy humilde pero de talante abierto y eso nos permitió establecer una buena relación.

No fueron años fáciles porque entre nosotros había diferentes criterios y nuestra vinculación a las dos parroquias nos dividía. En Guadalupe mucho estaba hecho y funcionando y en San Martin de Porres todo estaba por hacer. ¿De dónde recibir? ¿Dónde aportar? ¿Cómo mantener esa doble vinculación?

Para nuestra desgracia, esa tensión a veces tan evangélica para desarrollar un proyecto, fue malamente resuelta por el cambio de párroco en San Martín de Porres, al sufrir, como tantas comunidades hermanas y amigas el " temible cambio de párroco y del talante de la Parroquia". Aunque hemos intentado seguir, al final, poco a poco, hemos tenido que dejar nuestra vinculación en San Martín de Porres y replegarnos a Guadalupe.

Nuestra pertenencia actual al área de Catecumenado de la Parroquia con más de 13 comunidades, nos aporta una vivencia muy rica de compartir otras experiencias similares y de pertenencia a una Iglesia "comunidad de comunidades".

En todos estos años hemos detectado un gran cambio en la línea pastoral de la iglesia jerárquica en Madrid y hemos tenido que ir adaptando nuestra vinculación eclesial a los ámbitos que hemos creído en más consonancia con nuestra forma de entender el evangelio. Así estamos profundamente agradecidos a ENCOMUN, realidad eclesial muy viva que aglutina a numerosas comunidades que quieren vivir el evangelio de forma sencilla pero radical.

ENCOMUN es para nuestra comunidad un chorro de esperanza, una manifestación de que otra forma de eclesialidad es posible. Así hacemos nuestro lo que escribimos en el Documento "La Iglesia en la que somos y vivimos" de Encomún:

"Para ser fieles al seguimiento de Jesús nuestra vida cristiana vivida en comunidad tiene que estar cimentada en actitudes básicas y motivaciones que tengan relación con los gozos y las esperanzas. La experiencia nos confirma que el espacio de Encomún es precisamente un buen lugar en el que podemos vivir la Buena Noticia de Jesús. Estamos convencidos que la vida y el trabajo en nuestras comunidades es un signo de esperanza para nuestro mundo y dentro de la misma Iglesia. El encuentro en comunidad que valoramos y disfrutamos tiene como fundamento el orar juntos, compartir la vida con personas concretas que con su testimonio de vida tratan de ser coherentes, poner lo que está de su parte para construir y hacer de este mundo un gozo y alegría".