Nuestra vivencia de compartir la Fe

Escrito por Dominique. Publicado en Shekina

Si algo nos ha unido como comunidad a lo largo de estos años, sin duda ha sido el sentirnos llamados personalmente por nuestro buen Padre Dios a recorrer el camino de la vida y de la fe en comunidad.

Por eso, compartir nuestra experiencia de Dios y del seguimiento de Jesús ha sido, es y será algo nuclear en la vida de nuestra comunidad. Y ello hecho de distintas formas:

 Compartiendo comunitariamente la oración en los distintos momentos de encuentro que tenemos.

 Celebrando los sacramentos como comunidad: matrimonios, ordenaciones sacerdotales, primeras comuniones, la reconciliación y el perdón (el perfecto don), y, sobre todo, la Eucaristía, momento privilegiado de encuentro como comunidad con el Señor, de darle gracias y ofrecerle la vida.

 Reconociendo y queriendo hacer de Jesús el único y absoluto Señor de nuestras vidas. Esta frase, tan sencilla y tan profunda, es de gran importancia en la vida de la comunidad. Durante muchos años en nuestras eucaristías, al recibir a Jesús que se nos entrega, la hemos repetido juntos como un compromiso que queremos llevar a la vida.

También en nuestra Espiritualidad hemos querido reflejar esta dimensión comunitaria de compartir la fe:

 Es una espiritualidad que contempla a un Jesús:

o Totalmente abierto a la voluntad del Padre, único y absoluto Señor de su vida.

o Encarnación de Dios, comprometido en la historia de los hombres.

 Es una espiritualidad que quiere vivir:

o La apertura a la voluntad del Padre, único y absoluto Señor de nuestra vida.

 ¿Desde dónde lo vivimos / queremos vivir?

o Desde el Evangelio, desde la Palabra, con un especial acento en el Padrenuestro y en las Bienaventuranzas.

o Desde reconocernos a lo largo de nuestra historia personal llamados y convocados por el Padre a vivir el don gratuito de la comunidad.

o Desde la oración personal y comunitaria y desde la vivencia intensa de los sacramentos, en especial de la Eucaristía y la Reconciliación.

 Queremos que la comunidad sea reflejo del amor desinteresado y gratuito de Dios por las personas. De ahí que el único fundamento de nuestra comunidad, aquello sin lo que no es posible entenderla, lo pone Dios por obra del Espíritu Santo.

Todo lo vivido, no por nuestros méritos, sino porque el Señor nos lo ha regalado, nos lleva a decirle GRACIAS. Y esa acción de gracias, para nosotros, se recoge en esta oración que forma parte también de nuestra historia:

Gracias

Gracias, Padre, porque nos haces comunidad de hermanas y hermanos.

Gracias por cada hermana y hermano en particular,

que es para nosotros un regalo inmerecido y gratuito,

una posibilidad para encontrarte y amarte.

Gracias porque, cada día, te empeñas en salvarnos juntos,

y no nos quieres ni héroes, ni originales, ni líderes, ni dirigentes,

sino que nos quieres HERMANOS.

Gracias, Padre, porque tu presencia salvadora

no la encontramos en el "huracán" de las acciones,

de los planes, de los programas, de la eficacia,

de los resultados, de la estadística,

y, poco a poco, la vamos descubriendo en la "suave brisa" de la fraternidad,

con sus momentos buenos y menos buenos,

en la oración en común,

en los gestos sencillos que hacen construir cada día la comunidad.

Gracias, Padre, porque nos enseñas que el Mundo Nuevo que todos queremos

comienza en esa humilde fraternidad

que, cada día, con tu ayuda queremos construir,

donde el amor, el servicio y la cercanía a los más pobres

son ya signo de tu amor.

Gracias porque eres nuestro Padre.

Gracias porque nos haces HERMANOS.