Algunas claves aprendidas en estos años

Escrito por Dominique. Publicado en Palabra y Vida

A lo largo de estos veinte años de vida compartida hemos ido descubriendo algunas claves, algunas actitudes que conviene cultivar. Este descubrimiento no garantiza su aplicación por lo que conviene recordarnos a nosotros mismos todo el tiempo lo que ya hemos aprendido para que vayamos haciéndolo verdad real.

Vivir en permanente gratitud, moverse en el ámbito de la gracia, del don. Ser capaz de no acostumbrarse, de seguir asombrándose, de valorar el regalo del encuentro con Jesús, de la comunidad, de los hermanos. No dejar de maravillarnos por la vida compartida, a pesar de las dificultades y tensiones que puedan existir. Mantenernos fieles en el territorio de la gracia.

Confiar en la acción de Dios a través del hermano y de la hermana. Reconocer en el otro al Dios mismo que se hace presente. Tener confianza en su acción salvífica a través de cada uno de nosotros. Creérnoslo de verdad.

Tener la lucidez de distinguir lo que debe ser permanente de lo que puede, debe incluso, cambiar. Ser capaz de reconocer lo fundante, lo nuclear y cuidarlo, mantenerlo, recrearlo. Para todo lo demás desarrollar mucha imaginación, mucha capacidad de cambiar. No aferrarse a los "cómos" concretos, ir buscando más bien en cada momento las maneras idóneas para poder hacer realidad lo que se quiere vivir. No dogmatizar con la tradición, no decirnos que siempre se ha hecho así. Asumir esta clave no siempre es fácil y tiene un coste importante tanto para los que les toca "abrir brecha" como para los que buscan moverse por los territorios conocidos y lo constante y predecible. A ambos hay que cuidar de manera especial en diferentes momentos.

Fomentar la paciencia y la capacidad de resistir como virtudes. Las cosas casi nunca salen bien a la primera. Lo más valioso requiere esfuerzo, constancia, dedicación. En estos tiempos en los que todos valoramos los resultados obtenidos con rapidez, incluso inmediatez, la vida comunitaria exige un cambio cultural para saber cultivar la paciencia y el esfuerzo, para comprender que los tiempos de Dios no son siempre los nuestros.

Mantener frescura a pesar de los años, no dejarnos invadir por la sensación de rutina, de repetición. Reconocer que estamos en permanente aprendizaje, que cada nuevo paso exige nuevos saberes, que no basta con lo que hemos aprendido y conocido. Vivir el seguimiento comunitario de Jesús de Nazaret como una novedad constante, una aventura permanente que nos lleva a nuevos caminos, que siempre nos descoloca y nos mantiene vivos.

Alimentar la ilusión, la capacidad de buscar nuevos retos, de mirar hacia el futuro con deseo de seguir caminando. No pensar nunca que ya hemos llegado, no conformarse. Mantener una tensión creativa y positiva entre lo que somos y lo que hemos soñado. Recordarnos permanentemente que somos hijos de una promesa, que Dios nos ha prometido "una tierra que mana leche y miel" (Ex 3, 17)

Asumir positivamente la asimetría, la pluralidad en los ritmos y en los acentos de cada hermano y ser capaces de desarrollar estructuras flexibles que se adapten a esta realidad. No caer en la tentación de la homogeneidad, reconocer la riqueza del distinto, aunque a veces me incomoda y descoloca. Ser capaces de alimentar la pluralidad y las estructuras asimétricas en la comunidad, con una firme unidad en torno a lo nuclear de la comunidad y sus símbolos propios.

Reconocer el conflicto como fuente de crecimiento y por tanto creador de fraternidad. No rehuir el conflicto aunque provoque tensión. No forzar el conflicto, ni llegar a él por lo que no merece la pena. Como dice Pablo, "procuremos por tanto lo que fomente la paz y la mutua edificación. No vayas a destruir la obra de Dios por un alimento" (Rom 14, 19-20). Descubrir el perdón como el perfecto don. Practicarlo, hacerlo vida, realidad en la historia personal y comunitaria. Probablemente nada une tanto como el conflicto y la reconciliación en el Señor.

Cultivar la formación, darse cuenta de que no constituye una opción, sino una necesidad. Reconocer y valorar diferentes modos de formarse, no solo valorar la academia también la experiencia, la celebración y el encuentro como oportunidades de formación. Compartir los dones de cada uno para enriquecernos mutuamente, pero también buscar apoyos externos que aporten aire fresco. Estimular la formación personal de los miembros de la comunidad, es un regalo para el conjunto. Combinar adecuadamente los temas de formación. De nuevo adaptar los "cómos", las maneras.

Rememorar y actualizar constantemente que es Jesús el que nos llama, el que nos convoca, el que nos elige, el que nos une.