Desde dónde hablamos

Escrito por Dominique. Publicado en Shekina

Los miembros de la comunidad somos relativamente uniformes en cuanto al perfil personal. Sin caer en la homogeneidad, pues nuestros caracteres y formas de ser en sí son muy distintos, tenemos algunos rasgos comunes que nos permiten identificar a un miembro tipo:

 La mayoría tenemos entre 35 y 45 años.

 La mayoría estamos casados y tenemos hijos

 Sociológicamente somos un grupo de clase media-alta, con formación universitaria.

Esta relativa uniformidad nos ha permitido ir conformando un estilo propio y un modo de hacer que ha ido cambiando conforme iban evolucionando nuestras condiciones de vida: trabajos, matrimonios, niños, compras de vivienda... Sin embargo nos acerca a veces demasiado a la tentación de crear un grupo excesivamente homogéneo, en el que todos nos parezcamos "peligrosamente" unos a otros y por lo tanto perdamos la frescura, riqueza y pluralidad que traen la diversidad de itinerarios y perfiles personales.

Nuestro compartir vida ha cambiado mucho conforme ha ido cambiando nuestra propia vida. No tenemos un modelo predefinido, no disponemos de normas escritas a semejanza de otras instituciones. Tampoco tenemos tradición, ejemplo histórico de antecesores nuestros que hayan forjado un modo definido de ser. Ni siquiera tenemos muchas rutinas o hábitos que hayamos ido creándonos. Somos relativamente flexibles y dúctiles, capaces de cambiar y adaptarnos a los cambios que se producen en nuestra vida y en nuestro entorno

Empezamos nuestra andadura siendo estudiantes y hemos compartido juntos la transición y adaptación a la vida adulta. Ese periodo difícil y para el que muchas veces los cristianos que provenimos de comunidades jóvenes no estamos suficientemente preparados. Ese tiempo en el que uno se enfrenta a la realidad del mundo laboral, a las responsabilidades familiares, a la disponibilidad de dinero y de poder. Y te enfrentas con un equipaje lleno de ideales y de ilusiones pero con enormes dosis de ingenuidad que nos hacen tantas veces perder las referencias. En un periodo de la vida en el que se toman muchas decisiones que luego orientan y moldean el futuro de una manera bastante definitiva. Hablamos de la orientación profesional, de la definición del estado de vida, del lugar de residencia, del estilo de vida económico...

Para nosotros ha sido un don enorme haber compartido juntos esa etapa de nuestra vida, habernos ayudado mutuamente a tomar las decisiones que creíamos más evangélicas, habernos animado y acompañado en esos momentos de desconcierto y desesperanza porque las cosas no son como nos las habían contado y ninguno de nosotros va a ser capaz de cambiar el mundo, haber celebrado juntos los momentos importantes de esta etapa tan convulsa y decisiva. Todo esto vivido juntos nos ha unido ya de un modo difícil de separar y nos ha hecho tejer nuestros destinos de un modo sutil pero muy consistente.

También hemos compartido la meseta de la vida adulta. La cotidianidad, el día a día, la vida sencilla y corriente que a veces resultan monotonía y rutina. También esa etapa más suave, menos espectacular, más constante va cosiéndonos de un modo más imperceptible pero igualmente fuerte.

Somos una comunidad asimétrica. Con el tiempo hemos ido asumiendo, primero con resignación y después como riqueza, el hecho de que tenemos ritmos diferentes, prioridades distintas, sensibilidades propias. Eso nos ha llevado a crear un modelo comunitario un tanto asimétrico donde intentamos combinar algunas dimensiones centrales comunes y promovemos las iniciativas personales o de pequeños grupos que quieren impulsar de algún modo más completo alguna dimensión concreta.

Hemos optado por estar en el mundo, por no retirarnos al campo ni a los intramuros de cualquier recinto aislado. Hemos decidido quedarnos en nuestra realidad y no irnos a construir un espacio ideal para la vida comunitaria, un oasis en el campo, sino vivir la vida comunitaria insertos en nuestra sociedad. Eso significa que tenemos responsabilidades, trabajos, ritmos de vida,... propios de cualquier madrileño medio. Es en ese contexto donde vivimos nuestra vida comunitaria, que se encuentra condicionada, para lo malo pero también para todo lo bueno, por nuestros cansancios, preocupaciones del día a día, falta de tiempo...