Dimensiones de la vida comunitaria

Escrito por Dominique. Publicado en Shekina

Compartir la vida tiene, para nosotros, diferentes aspectos:

La fraternidad, las relaciones personales. Compartir la vida es sobre todo hacer real la fraternidad, vivir como hermanos y hermanas. Cuidarnos unos a otros, compartir lo que nos va pasando y juntos ir descubriendo la voluntad del Señor. Hemos cuidado la fraternidad de forma distintas, algunas más formales (grupos de vida, binas,...) y la mayoría más informales, procurando ese encuentro entre personas que comparten lo que llevan dentro.

La vida cotidiana compartida. Con los años hemos ido aprendiendo y valorando la vida cotidiana sencilla que se comparte. El día a día. Vivir juntos nos ha ayudado a muchos. Los años que llevamos compartiendo en Villa de Rota (6 familias vivimos en el mismo bloque), y ahora también en Arzobispo Morcillo (2 familias), son modos concretos que nos han facilitado esta experiencia.

El acompañamiento. Apoyarnos en el discernimiento evangélico, ser luz unos para otros. Compartir comunitariamente las decisiones. Seguirnos la pista. En una comunidad grande como la nuestra hemos ido buscando diferentes formas que nos permitan acompañarnos mutuamente en el seguimiento de Jesús: los grupos de vida, las reuniones de vida, las binas, los ejercicios, las oraciones de los miércoles. Todos han contribuido a ello.

Los bienes. Compartir la vida es también compartir lo que tenemos con generosidad entre nosotros y con otros. No es un tema fácil y nuestras experiencias no siempre han generado crecimiento y gozo. El fondo comunitario ha sido la manera concreta de vivirlo entre todos y en los últimos años el Fondosol (ponemos en común nuestros salarios) ha dado la oportunidad a algunos de compartir más a fondo el dinero como expresión y signo de un deseo hondo de poner más vida en común.

El perdón y el conflicto. Compartir vida ha significado también tener roces, tensiones, desencuentros. No todo lo del otro me agrada. El conflicto y el perdón son parte esencial de nuestra vida compartida. Las celebraciones, en especial las penitenciales, han ayudado mucho a construir comunidad desde el perdón y la reconciliación.